Al subir la vista pensé, juré, que se iban a lanzar a la banqueta, pero no, sólo eran esculturas... Así lucía en 2005, me preguntó si era por las exposiciones que había dentro... nada espectacular... pero qué buena fachada.
28 noviembre, 2007
Museo de Arte Contemporáneo de Valencia
Al subir la vista pensé, juré, que se iban a lanzar a la banqueta, pero no, sólo eran esculturas... Así lucía en 2005, me preguntó si era por las exposiciones que había dentro... nada espectacular... pero qué buena fachada.
Historias de chancla, capítulo 2
Son casi las 11 de la noche. Chancla está guardada. ¿Me pregunto si sabrá cómo pasó de stiletto a... chanclita?
Bueno, todo comenzó un día de marzo del lejano 2004. Mi stiletto rojo cereza y yo íbamos oyendo a Guillermo Ochoa mientras circulábamos por periférico. Estabamos felices, íbamos a la oficina, pero un volvo negro manejado por un baboso de 18 se frenó en seco. Chanclita no logró detenerse lo intentó, en verdad y no pudo. Y yo, junto con ella, me fui contra el volvo negro manejado por un baboso de 18. Mi cuello en collarín por un mes y mi incipiente Chanclita en el taller 35 días... Pero regresó con más bríos que nunca. Le ajustaron su cacles negros ya no tan brillantes y le pulieron su trompita y la dejaron presta para acompañarme por el mundo, hasta que cayó en un hoyo, de esos que pululan por la ciudá y debí cambiarle su herradura. Chanclita resistía los embates de la ciudá, hacía su mejor esfuerzo por saltar los baches, no rozar los topes, evadir los camiones y demás, pero, desafortunadamente, la invadió un gran complejo de inferioridad cuando se mudó de oficinas de polanco a santa fe. Pobre chanclita, asustada por el tráfico, el tramo diario de carretera, los grandes edificios estilo supersónicos y las enormes camionetas con guarros, adelgazó, perdió potencia y supo lo que era temblar desconsolada entre el tráfico de la carretera México-Toluca. Yo, solidaria, le di ánimos (de hecho, le doy ánimos), y juntas hemos recuperado nuestro autoestima frente a las grandes SUV. Sin embargo, habían pasado dos años, su autoestima mellada, sus herraduras roídas, ahora sabía que era una chancla... pero luego se lo tomó muy apecho.
Bueno, todo comenzó un día de marzo del lejano 2004. Mi stiletto rojo cereza y yo íbamos oyendo a Guillermo Ochoa mientras circulábamos por periférico. Estabamos felices, íbamos a la oficina, pero un volvo negro manejado por un baboso de 18 se frenó en seco. Chanclita no logró detenerse lo intentó, en verdad y no pudo. Y yo, junto con ella, me fui contra el volvo negro manejado por un baboso de 18. Mi cuello en collarín por un mes y mi incipiente Chanclita en el taller 35 días... Pero regresó con más bríos que nunca. Le ajustaron su cacles negros ya no tan brillantes y le pulieron su trompita y la dejaron presta para acompañarme por el mundo, hasta que cayó en un hoyo, de esos que pululan por la ciudá y debí cambiarle su herradura. Chanclita resistía los embates de la ciudá, hacía su mejor esfuerzo por saltar los baches, no rozar los topes, evadir los camiones y demás, pero, desafortunadamente, la invadió un gran complejo de inferioridad cuando se mudó de oficinas de polanco a santa fe. Pobre chanclita, asustada por el tráfico, el tramo diario de carretera, los grandes edificios estilo supersónicos y las enormes camionetas con guarros, adelgazó, perdió potencia y supo lo que era temblar desconsolada entre el tráfico de la carretera México-Toluca. Yo, solidaria, le di ánimos (de hecho, le doy ánimos), y juntas hemos recuperado nuestro autoestima frente a las grandes SUV. Sin embargo, habían pasado dos años, su autoestima mellada, sus herraduras roídas, ahora sabía que era una chancla... pero luego se lo tomó muy apecho.
Historias de chancla, capítulo 1
Cómo olvidar la primera vez que la vi. Compacta, roja cereza, con unos pies negros, enormes y brillantes. Circulaba con dos amigas (creo que una azul y una gris) por una vía rápida rodeada de frondosos árboles. Al final, hombres y mujeres jóvenes se bajaban de ellas y se ponían a bailar. Y luego la pantalla se fue a negros.
Cupido había lanzado una flecha al aire, y por tristeza me pegó a mí. Días después me armé de valor y quise ir a verla en vivo y a todo color. Al admirarla no era una chancla, más bien se parecía a un stiletto rojo, alto, brilloso y, al parecer tenía voz, porque en ese instante oía claramente como repetía sin cesar que quería irse conmigo. Tanto se esmeró, tanto lo repitió, que le hice caso y una semana después llegó a las puertas de mi hogar. De su interior nadie se bajó a bailar conmigo, más bien llegó un tipo malencarado que me hizo firmar cientos de papeles y me dejó la garantía. Ah, ésa fue la primera señal... y yo la omití, pero hoy me arrepiento. Siempre hay que estar antenta a las señales, a cualquiera.
Cupido había lanzado una flecha al aire, y por tristeza me pegó a mí. Días después me armé de valor y quise ir a verla en vivo y a todo color. Al admirarla no era una chancla, más bien se parecía a un stiletto rojo, alto, brilloso y, al parecer tenía voz, porque en ese instante oía claramente como repetía sin cesar que quería irse conmigo. Tanto se esmeró, tanto lo repitió, que le hice caso y una semana después llegó a las puertas de mi hogar. De su interior nadie se bajó a bailar conmigo, más bien llegó un tipo malencarado que me hizo firmar cientos de papeles y me dejó la garantía. Ah, ésa fue la primera señal... y yo la omití, pero hoy me arrepiento. Siempre hay que estar antenta a las señales, a cualquiera.
27 noviembre, 2007
Martes por la tarde
Me gusta remendar mis heridas con curitas. Siempre pego una aquí y otra allá cuando me parten el corazón, algo no sale como lo planee o extraño a quienes ya se fueron. Rara vez se me caen. Procuro hacerme la fuerte la mayor parte del tiempo. Hoy me las tiraron de sopetón. Nudo en la garganta ganas de maldecir escuchar música depre retirar todos los árboles de Navidad de todos lados un dia de duelo general ropa negra paredes negras casas con moños negros en las puertas y computadoras apagadas 24 horas en señal de lo todo lo que perdemos a diario...
Carta a Santa Claus
Estoy molestísima con el mundo. Obviamente, amazon está tan, pero tan saturado, que ya me escribieron para decir que mis regalos de Navidad en realidad arribarán para Reyes... lo que me ocasiona algunos problemas técnicos con C... en fin. No es mi culpa, blame it on amazon. Ahora que cambio de año –y de década al parejo– hay muchas cosas que me gustaría que Santa me trajera:
1. Un sentido de la responsabilidad más choncho, o que por lo menos lo engorde un poco.
2. Una cocina nueva: roja, italina y padrísima... no importa que no cocine o que no tenga con que rellenarla.
3. Un PT Cruiser color crema y automático.
4. La desaparición de 'la chancla' (para mayores referencias busquen pronto 'historias de una chancla'.
5. La voz de Rothko, sí, quiero que mi perro hable.
6. Unas curitas para la capa de ozono.
7. Un método para secar ropa rápido y efectivo. C lo agradecerá.
8. Que absolutamente todo lo que coma sea orgánico.
9. Que se acaban los detergentes y todo sea orgánico.
10. La multiplicación del petroleo.
11. Que por fin confiesen que hay vida en otro planeta, ¡ya quiero tener amigos aliens!
12. Un editor que se anime a publicar mi primer libro álbum, altamente recomendable.
13. Poner fin a una incipiente glaceación.
14. Que no vuelva a temblar... nunca
15. Que se acaben los tsunamis.
16. Que los mexicanos lean el reglamento de tránsito y lo respeten.
17. Que exista un puento tridemensional a Santa Fe –y exclusivo para mí–. Odio en tráfico.
18. Que me regalen un árbol de Navidad igual al de Bee Movie.
19. Conocer a Tom Hanks.
20. Ir a la India y bañarme en su río exactamente el día que cumplo un año de casada.
21. Que me den un Honoris Causa por el simple hecho de ser yo.
22. Que me quite el miedo a los volcanes, a las mariposas negras y a que un fantasma me jale los pies en la noche.
23. Por lo demás, me conformo con unos aretes, de esos raros que me encantan y que me dejan infinitamente más caros de lo que en realidad cuesta hacerlos.
1. Un sentido de la responsabilidad más choncho, o que por lo menos lo engorde un poco.
2. Una cocina nueva: roja, italina y padrísima... no importa que no cocine o que no tenga con que rellenarla.
3. Un PT Cruiser color crema y automático.
4. La desaparición de 'la chancla' (para mayores referencias busquen pronto 'historias de una chancla'.
5. La voz de Rothko, sí, quiero que mi perro hable.
6. Unas curitas para la capa de ozono.
7. Un método para secar ropa rápido y efectivo. C lo agradecerá.
8. Que absolutamente todo lo que coma sea orgánico.
9. Que se acaban los detergentes y todo sea orgánico.
10. La multiplicación del petroleo.
11. Que por fin confiesen que hay vida en otro planeta, ¡ya quiero tener amigos aliens!
12. Un editor que se anime a publicar mi primer libro álbum, altamente recomendable.
13. Poner fin a una incipiente glaceación.
14. Que no vuelva a temblar... nunca
15. Que se acaben los tsunamis.
16. Que los mexicanos lean el reglamento de tránsito y lo respeten.
17. Que exista un puento tridemensional a Santa Fe –y exclusivo para mí–. Odio en tráfico.
18. Que me regalen un árbol de Navidad igual al de Bee Movie.
19. Conocer a Tom Hanks.
20. Ir a la India y bañarme en su río exactamente el día que cumplo un año de casada.
21. Que me den un Honoris Causa por el simple hecho de ser yo.
22. Que me quite el miedo a los volcanes, a las mariposas negras y a que un fantasma me jale los pies en la noche.
23. Por lo demás, me conformo con unos aretes, de esos raros que me encantan y que me dejan infinitamente más caros de lo que en realidad cuesta hacerlos.
26 noviembre, 2007
LUNES POR LA MAÑANA
Pendientes, pendientes, todo está pendiente. Pero por primera vez en mucho tiempo no quiero concluirlos o llegar a su fin. A veces, me gusta la sensación de saber que tengo algo más que hacer. En el fondo, a veces pienso que soy adicta al estrés y que si me quitan mi angustia, el tráfico o demás, enloqueceré. Las ojeras, el té verde nuevo que sabe horrible, un nuevo lugar al que le dejaron muy mala vibra... debo trae flores de emergencia... pero todo funciona, como siempre, hago que todo funcione a la perfección para no enloquecerme, para no enloquecer a los otros.
Rothko tenía hambre por la mañana y no le hice caso, ¿eso me hace mala? Sólo quería dormir un poco más, un poco. Amanezco cansada los lunes porque así es, a pesar de que me duerma temprano. Seguir soñando, durmiendo, un poco más, el fin de semana sueño para que la semana sea menos dura. Lugo vuelvo a cerrar los ojos y sigo soñando y quiero alcanzar esos sueños, más no sé si lo haré, si sucederá.
Ahora sigo trabajando, textos me esperan para ser cortados, editados,manipulados, doblados...
24 noviembre, 2007
También quise ser poeta
Sí, desde los 1o quise escribir, y me dedicaba a hacerlo en cualquier momento que tenía disponible. Muchos de esos textos los perdí entre mudanza y mudanza y algunos otros se fueron cuando un virus invadió mi computadora, perdí toda la información. Pocos sobreviven gracias a publicaciones universitarias modestas que ya no circulan, pero que en ese momento me significaban todo, al igual que los ciclos de lectura que con mucho gusto (y ego crecido) daba con amigos de la UNAM y de CADAC en el Hijo del Cuervo y otros lugares coyoacanenses. Hoy, arreglando algunas cosas, descubrí la primera revista universitaria en la que me publicaron algo y no resistí la tentación de releer lo que venía ahí. Aquí uno de los poemas que escribía antes. La verdad, me sigue gustando.
en la indiferencia del tiempo
discurren mis brazos vacíos
para conquistar la ausencia
causal de mi cuerpo si el tuyo
en la indiferencia del tiempo
me desplomo
para así
recorrer tu rostro
robando la textura
que mis dedos empeñados
marcaron en sus yemas
(felicies usurpadoras de tu esencia)
en la indiferencia del tiempo
discurren mis brazos vacíos
para conquistar la ausencia
causal de mi cuerpo si el tuyo
en la indiferencia del tiempo
me desplomo
para así
recorrer tu rostro
robando la textura
que mis dedos empeñados
marcaron en sus yemas
(felicies usurpadoras de tu esencia)
Conversaciones con Matilda
Cómo olvidar a Roald Dahl y sus historias, sus diálogos en ocasiones demasiado adultos para los niños, o demasiado niños como para ser apreciados por alguien que se precia de 'ser grande'. Uno de mis favoritos:
"A girl should think about making herself look attractive so she can get a good husband later on. Looks is more important than books, Miss Hunky..."
"The name is Honey", Miss Honey Said
"A girl should think about making herself look attractive so she can get a good husband later on. Looks is more important than books, Miss Hunky..."
"The name is Honey", Miss Honey Said
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